jeudi 17 août 2017

112- Calidad -5- Cuando al ecológico también le llega

CALIDAD – CUANDO AL ECOLÓGICO TAMBIÉN LE LLEGA

Era de esperar. Lo ecológico empieza a sufrir el cáncer de los productos frescos: la apariencia. Ya te lo comente hace unos meses, cuando te explicaba que es probablemente el primer criterio de calidad, ya que su influencia es directa, tanto sobre el gesto de compra, como sobre el precio de compra para el consumidor, así como sobre el precio que cobrara el agricultor para su producción. http://culturagriculture.blogspot.com.es/2015/12/61-calidad-2-la-apariencia.html

Hasta el momento, la agricultura ecológica había evitado este problema, que genera una impresionante cantidad de desperdicio de alimentos. Es que la clasificación de los productos ecológicos no se hace con las mismas exigencias que la de los productos convencionales. 


En ecológico, se toleran los daños de roces, gran parte de las deformaciones, incluso disparidad de calibre en un mismo lote. No hay primera y segunda categoría. La normalización, todavía no se ha metido con lo ecológico.

Esta diferencia es desde mucho tiempo una fuente de tensiones entre productores ecológicos y convencionales, ya que la mayoría de esos defectos de apariencia no tienen nada que ver con el método de producción. Pueden ser debidos al viento, el granizo, el frío, a problemas de polinización, a ataques de pájaros, a muchas más causas que no se pueden controlar químicamente.
Total, esta diferencia de criterio es puramente política, destinada a favorecer la agricultura ecológica con respecto a la agricultura convencional.

Desde siempre, la diferencia de productividad entre ecológico y convencional, evidente en muchos cultivos, aunque no sistemáticamente, estaba en gran medida compensada por esas diferencias de criterios comerciales, otorgando al ecológico conseguir una cantidad vendida por hectárea comparable, gracias a un porcentaje de destrío inferior.

Sin embargo, esta regla comúnmente admitida, aunque sin justificación en términos de calidad gustativa, empieza a flaquear. El año 2017 es un año negro para muchas producciones, principalmente por graves problemas comerciales, grandes dificultades para vender, y precios de venta a menudo inferiores, para el agricultor, a sus costes de producción.

¿Y qué pasa cuando el mercado se encuentra en esta situación?
Se vuelve cada vez más exigente en calidad.
Es que resulta que la agricultura ecológica empieza a enfrentarse a una de las principales dificultades de la agricultura convencional. http://www.lexpress.fr/actualite/societe/coup-de-gueule-d-un-couple-d-agriculteurs-les-gens-veulent-du-bio-parfait_1926522.html
(Artículo recientemente publicado en la versión digital de una conocida revista generalista francesa).


Mira el caso de esos pequeños agricultores ecológicos de Francia, desesperados por una situación, relativamente habitual, pero a la que no están preparados:
“Una pareja de agricultores se prepara a dejar pudrirse cerca de 3.000 kilos de calabacines por culpa de las exigencias del consumidor.

¿Una mancha en un calabacín te impide comprarlo? Pues es el motivo de este desperdicio de gran parte de la producción de esta pareja de agricultores ecológicos. Por culpa de leves defectos sobre sus hortícolas, Caroline y Cyril Roux no tienen más remedio que de quedar mirando el resultado de su duro trabajo por culpa de las exigencias de los consumidores.”

Pues entiendo perfectamente su estado de ánimo, es difícil de aceptar.
¿Sabes por ejemplo, que cuando preparo mis previsiones de recolección, varios meses o varias semanas antes de su inicio, para los frutales de los que tengo la responsabilidad, introduzco en los cálculos destinados al equipo comercial, un valor de 15% de desperdicio?
Pues sí, 15% de frutas no comercializadas, tiradas a la basura en su mayoría por culpa de los defectos de apariencia.
Y vamos, 15% no esta tan mal. Este año, por culpa de unas condiciones comerciales tan difíciles, este porcentaje se elevó al 20%, y el año pasado, año climático excepcionalmente difícil, casi alcanzamos el 25%.

Cada semana durante la cosecha, decenas  de toneladas de melocotones y nectarinas esperan los camiones de la industria, forma moderna y rentable (excepto para el agricultor) para evitar la destrucción directa. Serán procesadas en zumo, puré o concentrado. La única otra opción es la basura. Estas frutas no coinciden con el estándar comercial, principalmente por razones estéticas (defectos de piel).

En mis condiciones, tempranas, con ciclos cortos, con variedades específicas, globalmente poco productivas, pero adaptadas al clima local, quiere decir que para mi producción de melocotones y de nectarinas, sé antes de empezar que se van a tirar más o menos 4.000 kilos de frutas por hectárea cada año, y si me toca un año difícil, por el motivo que sea, este valor puede pasar de 6.000 kilos.
Porque, como lo dicen esos agricultores,
“esas pequeñas manchas sobre los calabacines han sido provocadas por las fuertes calores dl mes de junio. Sin embargo no modifican en absoluto el sabor o la calidad del producto. “Muchos quieren ecológico perfecto””.

Es una evolución inevitable del ecológico. Es una de las consecuencias de su éxito, de su popularización.
Más producción ecológica, también es el acceso a lo ecológico de un público más amplio, no preparado, no informado, que compra ecológico solo porque piensa que mejor, sin haber reflexionado sobre el alcance de este cambio.
Por otra parte, ya que es una inmensa fuente de enriquecimiento para muchos (mira por ejemplo Biocoop o Kokopelli, empresas poco escrupulosas, que explotan a fondo este mercado muy jugoso), todos los medios se emplean para atraer a nuevos consumidores, y la desinformación es un excelente para conseguirlo.
Muchos consumidores se convierten al ecológico, asustado por las tonterías que se les cuenta, o por los escándalos sanitarios, en los que solo se pone delante lo que interesa…
¿Quién sabe por ejemplo, que entre los lotes de huevos contaminados por el fipronil (un escándalo alimentario actual en Europa), también hay lotes de huevos vendidos como procedentes de producción ecológica? Este ejemplo es de Bélgica.


Los grandes capitalistas del ecológico están consiguiendo su apuesta: los consumidores están preocupados por la calidad de su alimentación. Por el planeta también, por supuesto. Pero es en general un gesto individual.
Y los que se convierten al consumo de productos ecológicos mantienen sus hábitos y exigencias de consumidores d productos convencionales normalizados, sobre los productos ecológicos.

El círculo se está cerrando. Los consumidores van a forzar la producción ecológica a subir los criterios de calidad, al menos para el aspecto.
Una parte cada vez mayor de la producción ecológica se vende en supermercados, sin consejos ni asesoramiento, y los consumidores compran con la vista, según la apariencia.
Y lo que hace uno de los principales atractivos de la agricultura ecológica, desde el punto d vista del agricultor, el margen económico por hectárea, se está derritiendo, como nieve al sol.
Porque un productor ecológico produce menos, pero comercializa una mayor parte de su producción, y a un mejor precio…hasta el momento.

Está cambiando.

¿Sea este problema solo un accidente en el recorrido de la carrera al ecológico, el desarrollo (demasiado) rápido y (relativamente) fuera de control de este modo de producción? Es posible, a corto plazo.
Pero ni lo dudes, tarde o temprano, llegaremos a eso.


¿Y qué ocurrirá cuando hayamos llegado a eso?
Lo que te explicaba, hace unos meses, sobre la apariencia: una parte cada vez mayor de las intervenciones fitosanitarias ecológicas tendrá una meta cosmética.
Los productos serán ecológicos, por supuesto, pero tendrán efectos segundarios claramente mayores. Porque cuando un agricultor sabe que al menos el 15% de su cosecha no se va poder vender, entonces hace todo lo que se encuentra en su poder para controlar todo lo que puede controlar, con el fin de limitar, al máximo de sus posibilidades, los defectos de apariencia, es decir los ataques de insectos, de bacterias y de hongos (los daños leves se aceptan teóricamente en ecológico, pero no en convencional).
En consecuencia empleara una cantidad siempre mayor de insecticidas y de fungicidas ecológicos, pero no exentos de efectos secundarios indeseables.

¿Y el respeto al medioambiente con esto?
Es un deseo, una voluntad o una exigencia de personas que tiene los medios de exigirlo, o la ignorancia que no les permite saber que esos pequeños defectos de epidermis no afectan en absoluto la calidad de la mayoría de los productos, ni en ecológico, ni en convencional.
Y esas mismas personas que “quieren ecológico perfecto” son también a menudo los mismos que se escandalizan del desperdicio de alimentos, o de los efectos negativos de la agricultura sobre el medioambiente.
Porque esas exigencias llevan inevitablemente el agricultor a poner en marcha prácticas agronómicamente inútiles, pero económicamente imprescindibles.

La lógica individual es a menudo incompatible con la lógica comunitaria.
¿Se puede remediar?
Probablemente por una información no deformada, sin ideología ni insinuaciones comerciales, y por la educación del consumidor.
El agricultor puede hacer cosas y de hecho, los blogs, los programas objetivos (no sensacionalistas) de información agraria y las jornadas de puertas abiertas en las fincas se multiplican en los países occidentales.


Pero el trabajo de fondo no es al alcance del agricultor, debería ser el papel de la sociedad civil, de la administración pública.

Siempre se puede soñar, ¿verdad?
En Francia, se están desarrollando ahora mismo los “Estados Generales de la Alimentación”. Una gran consultación à escala nacional, involucrando a todos los actores del sector. Es una promesa electoral del nuevo Presidente Macron.
Podría desembocar sobre casi nada, o poner en marcha tantos frenos y obligaciones que los agricultores solo se convertirían en jardineros paisajistas.
Pero los ministros involucrados se han puesto de acuerdo para pensar que “para mejorar las prácticas agrícolas, medioambientales y sociales de los productores, hay que hacer primero que ganen unos ingresos adecuados, para favorecer la inversión.”

Hay que indicar que en Francia, país miembro del G8 (uno de los países más modernos y ricos del mundo), uno de cada dos agricultores ganaba, en 2016, menos de 350 € por mes (unos 400 $). Esta cantidad no significa nada si no se pone en relación con el SMIC (salario mínimo interprofesional) que era en 2016 de 1143 € por mes, libres de cargo. O sea que uno de cada dos agricultores ¡gana tres veces menos que sus propios empleados, o que lo que las autoridades nacionales consideran, hoy día, como el mínimo ingresos para vivir dignamente en Francia!

¿Y se pretende que estas personas sean en prioridad preocupadas por temas, finalmente bastante abstractos, cuando luchan día a día para hacer que sus empresas sobrevivan, y para poder ofrecer a sus familias unas condiciones de vida y de instrucción dignas?

Algunos habían encontrado en la agricultura ecológica una escapatoria digna y elegante, económicamente interesante, e intelectualmente y socialmente gratificante.

Es posible que algunos salgan decepcionados…

1 commentaire:

  1. Es un tema muy interesante en el que no había reparado . Desde el Proyecto Conocer la Agricultura intentamos precisamente eso que cuentas, informar de una manera imparcial y completa al consumidor, asi que información como esta es importante compartirla.

    Un saludo

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